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Bajo la influencia de la Especia Melange, la Especia de las Especias...

viernes, 9 de marzo de 2012

Cinema Paradiso

Simplemente, una de las más hermosas y emocionantes películas que he tenido el placer de ver, y desde aquel ya remoto momento, una de mis favoritas. Giuseppe Tornatore coloca unos sólidos cimientos sobre los que edifica una obra colosal, de una magnitud encomiable. Esta construcción se empieza a gestar en la cabina de proyección de un cine de pueblo, donde se nos presenta a un enamorado del séptimo arte llamado Alfredo y a su aprendiz, el pequeño Totó.

La gran estrella invitada a la película es la propia sala, Cinema Paradiso, prácticamente el único vínculo sólido entre los habitantes de este pequeño pueblo. Esta sala cobra una vida inusual, acogiendo en sus butacas a mujeres que dan el pecho, a hombres que roncan, a grandes fumadores, chicos que se masturban sin reparos durante la primera época del destape; a Charlot, a gandules o aficionados que veían el mismo film una docena de veces, a parejas que iban a meterse mano, al cura que censuraba todos los besos ante el abucheo general, a un trailer de La Diligencia, a amores que se encuentran, a Kirk Douglas, a Lo Que El Viento Se Llevó, a familias enteras que vivían cada proyección como si fuese la última, e incluso a un facineroso de los de platea, que se permitía el lujo de escupir a la plebe cuando se le antojaba. Y todos estos personajes y situaciones forman parte de la vida de Totó y de Alfredo, quienes desde su cubículo, desde su santuario, observan a la muchedumbre, cambian el rollo, ríen o discuten.

Con lirismo y poesía, con calma y quietud. Planos impresionantes, alguno de ellos son de incalculable valor y un ambiente de sosegada melancolía que son una maravilla... Esta película es capaz de satisfacer al público más exigente. Y entremedio de todo ello, Tornatore nos regala una de las elipsis más hermosas que he visto en mi vida.

Por si no fuera poco, todo está acompañado por unas notas preciosistas de Ennio Morricone... nos hablan de unos tiempos de magia, de guerra y posguerra, aunque, no demasiado cómodos, sí que entrañables y preciosos. También destacar la hermosa fotografía de Blasco Giurato, y sobre todas las cosas cabe admirar el magnífico trabajo de Tornatore, tanto en el guión como en la dirección de esta bella cinta que ya forma parte del salón de honor del séptimo arte. Un trabajo al cual no le falta nada, una obra maestra contemporánea.

Cinema Paradiso narra con desmesurado talento, la maravillosa historia de Salvatore, un joven cuyo amor por el cine, su tierra, su novia y su amigo del alma, le inspiran a mejorar como persona. Un paseo bello y nostálgico por su vida: su infancia, su adolescencia y su madurez.

Giuseppe Tornatore conjugó los sueños de todo cinéfilo, vivir en una fábula donde cada caída signifique un levantamiento más fuerte, donde se puede jugar con el tiempo, con la tristeza y con la alegría, un mundo al cual tan solo podemos observar y añorar.

Magnificas interpretaciones de los tres Salvatore, el adulto, el joven y el niño; con especial mención de los dos últimos, quienes sencillamente se roban la película con el carisma que impregnaron a las andanzas del personaje central; también tenemos el privilegio de contar con Philippe Noiret, quien brinda una encarnación sencillamente magistral como el bondadoso operador del cinematógrafo.

Cuenta además entre sus mejores logros con uno de los finales más enternecedores de la historia del cine, un epílogo antológico para cualquier amante del cine, un momento invaluable para cerrar esta hermosa y monumental película.

Además, es una de las máximas declaraciones de amor que se le ha hecho al séptimo arte. Es mucho más que una película. Es una historia llena de nostalgia por una personal manera de ver y entender el cine y de vivirlo. Es una película preñada de melancolía, humor y nostalgia.

La estructura que tiene la película, en flashback, según los recuerdos de Salvatore de mayor, nos va preparando para un clímax final que es un homenaje sentido al mundo del cine como vehículo de entretenimiento y aprendizaje para la vida.

A veces es bueno mirar atrás para poder evaluar en que nos hemos convertido y si al madurar somos lo que tiempo atrás soñamos con ser o si por el contrario nos hemos convertido en meras caricaturas de lo que nunca ya lograremos ser.





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