Un Blog Sobre Reflexiones Y Refracciones...

Bajo la influencia de la Especia Melange, la Especia de las Especias...

lunes, 9 de agosto de 2010

Merc With A Mouth

No sabía yo que Marvel había dedicado ya una serie propia al bueno de Wade Wilson, el personaje la verdad que lo merecía, hace poco la encontre en Exiles Kingdom, (que trabajo tan grande haceís para los que amamos el Octavo Arte), Marvel tenía que devolverle el favor a un personaje por el que han pasado los primeros trabajos, de ahora ya autores consagrados como: Joe Madureira, Mark Waid, Joe Kelly, Eddy McGuiness o Ian Churchill. Parece ser que escribir o dibujar al mercenario bocazas, Deadpool o Masacre, para los hispanohablantes trae buena estrella, algo que le ha faltado al propio personaje desde el inicio de su historia.


Wade Wilson padecía un terminal cáncer de pulmón, tuvo la poca fortuna de caer en manos del proyecto Arma - X (el mismo que metio mano al cuerpo de Lobezno, Dientes de Sable y Maverick), el Doctor Killbrew consiguió curarlo, pero el precio a pagar fue tremendamente elevado y muy doloroso: el cuerpo de Wilson sufre malformaciones, a pesar de que el poder curativo mutante que posee le permite regenerar cualquier parte de su anatomía.


De cara a la galería, Masacre es un monstruo y él no lo lleva del todo bien. El uniforme integral que cubre su cuerpo le protege de la mirada del mundo exterior: Necesita su máscara para ocultar la fealdad que, ante el espejo, le recuerda las atrocidades sufridas durante los experimentos que hicieron con él; si alguién le arrebata la máscara, un Wade Wilson vulnerable e indefenso saldrá a la luz para regocijo de sus enemigos. Todo un drama ¿no?, se podría pensar por un momento que Masacre es una versión mutante de el Jorobado de Notre Damme. Nada más lejos de la realidad, Masacre es un mercenario de gatillo fácil y frases ingeniosas y divertidas. Yo diría que es la mejor colección humorístico-dramática-salvaje-absurda de todo el Universo Marvel.


Masacre es diferente. Wade Wilson, a pesar de su profunda aflicción, es conocido como el mercenario bocazas. No calla. Nunca. Ni cuando le han desencajado la mandíbula por enésima vez. Guarda el chiste adecuado para cada ocasión: para un rescate, para un duelo, para una escena romántica, para un combate que esta perdiendo... para una ejecución. Se pasa de simpático, de arrogante, de mordaz. Vamos, es un tío cojonudo.


¿Qué marca la diferencia entre esta serie regular y el resto de los comics del mundo mundial?


1º Que el guionista, Joe Kelly, realiza un esfuerzo sobrehumano para meter chistes a todo gas en todo momento. Se sale de lo común también, por unos personajes secundarios también fuera de lo común así como unos escenarios únicos, muy clandestinos, su ayudante Comadreja, la horda de matones y mercenarios que se reunen en la agencia La Casa Del Infierno, su compañera/prisionera ciega Al, los visionarios de Landau, Luckman & Lake, etc...


2º Que el dibujante, Ed McGuiness es un prodigio en los lápices y deja que el color embellezca las partes donde otros superrecargados colegas habrían amontonado cientos de rayitas inútiles.


3º Que (¡Aleluya!) la serie no está interrumpida en ningún momento por ningún incómodo crossover y se puede leer sin tener que recurrir a otras colecciones, insólito.


4º Que parece ser que cómo experiencia piloto en esta serie, aunque luego más tarde extendida a otras series, las primeras páginas comienzan con un resumen de lo sucedido, con un repaso a los personajes principales, todo un detalle para los lectores que en algún momento se puedan enganchar tarde o simplemente para no perder el hilo argumental.


5º Y que nos enseña que bajo la apariencia cachonda y letal de Masacre, se esconde un ser humano lleno de debilidades, contrapuesta más agresiva y asesina. Sin olvidar que Wade es un tío extremadamente peligroso, pero que, enamorado, puede empezar a hacer tonterías y a moverse fuera de control en un mundo que "lo odia y lo teme".


En resumen, una auténtica delicia para los amantes de un cómic poco habitual.

lunes, 2 de agosto de 2010

Un Año Sin Mario

Amor de Tarde
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el telefono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis
podrías acercarte de sorpresa
y decirme; "¿Que tal?" y quedaríamos
yo con la marca roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

Mario Benedetti (1920 - 2009)

domingo, 1 de agosto de 2010

Yulunga

En el Neolítico tardío, en algún momento entre el 5000 y 7000 A. C., ocurre un hecho que cambiará de forma decisiva la historia de la humanidad, un cambio del que aún somos partícipes, en el fondo nada ha variado de forma tan decisíva para nuestro destino. El ser humano, abandona la naturaleza, deja de formar parte de ella, para de algún modo, dominarla y someterla. El hombre, o mejor dicho la mujer, mientras que este cazaba, comienza a seleccionar semillas, a guardar el alimento en vez de consumirlo al instante, de domesticar al salvaje perro y al bravo uro, a establecerse en un lugar en vez de continuar la tradicional vida nómada; comienza así la civilización tal como la conocemos. Los huesos fósiles encontrados en estas fechas reflejan unos indivíduos desnutridos, con más taras y enfermedades que en épocas anteriores. ¿Qué impulso al ser humano a dar tan trascendente paso, de la noche a la mañana?, ese es un maravilloso misterio, que como todos es presa de mil y una controversias.

Fruto de esta revolución iniciada por el bello sexo, surgen un sinfín de culturas profundamente matriarcales, la mujer como centro de religiosidad y poder, una mujer madre, como la misma Tierra que nos alimenta y cobija. El mundo entero se llena de diosas-leopardo, diosas-serpiente, diosas-gacela, representaciones de fecundidad femenina, que no nos abandonarán hasta la aparición de las culturas clásicas: egipcia, helena y romana, que iran sustituyendo estas diosas femeninas, por los nuevos dioses fálicos, masculinos, solares, hasta llegar al más castrante para la mujer y para todas esas divinas diosas, el Yahveh judío y cristiano. De esta forma el hombre se encumbraría de nuevo al poder, así en el cielo como en la tierra.

El espiritual grupo australiano Dead Can Dance, rinde homenaje en la extraordinaria película documental Baraka (palabra árabe que significa bendición divina) de Ron Fricke, a Yulunga, la diosa-serpiente de su natal Australia, la diosa madre de toda la cosmología nativa aborígen, en una nostálgica añoranza colmada de hermosura, de los tiempos de comunión con la mujer, con la madre, con la Tierra.



miércoles, 28 de julio de 2010

El Mundo Tal Como Yo Lo Veo

Inmerso en una interesantísima biografía de Albert Einstein como me encuentro, me resulta imposible resistirme a dejar en el blog una magnífica declaración de principios y actitudes personales, que tuvo la suerte de poder reflejar Forum & Century del famoso físico y algo para mí totalmente desconocido hasta que cayo en mis manos este libro, humanísta. Sólo puedo añadir que me dejo profundamente impactado y me sentí conmovidamente identificado, desde el principio al final, por la filosofía de su contenido y por la genialidad en su forma de expresión. Espero que os guste tanto como a mí.

¡Qué extraña suerte la de nosotros, los mortales! Estamos aquí por un breve período; no sabemos con qué propósito, aunque a veces creemos percibirlo. Pero no hace falta reflexionar mucho para saber, en contacto con la realidad cotidiana, que uno existe para otras personas: en primer lugar para aquellos de cuyas sonrisas y de cuyo bienestar depende totalmente nuestra propia felicidad y luego, para los muchos, para nosotros desconocidos, a cuyos destinos estamos ligados por lazos de afinidad. Me recuerdo a mí mismo, cien veces al día, que mi vida interior y mi vida exterior se apoyan en los trabajos de otros hombres, vivos y muertos, y que debo esforzarme por dar la misma medida en que he recibido y aún sigo recibiendo. Me atrae profundamente la vida frugal y suelo tener la agobiante certeza de que acaparo una cuantía indebida del trabajo de mis semejantes. Las diferencias de clase me parecen injustificadas y, en último término, basadas en la fuerza. Creo también que es bueno para todos, física y mentalmente, llevar una vida sencilla y modesta.

No creo en absoluto en la libertad humana en el sentido filosófico. Todos actuamos no solo bajo presión externa sino también en función de la necesidad interna. La frase de Schopenhauer "Un hombre puede hacer lo que quiera, pero no querer lo que quiera" ha sido para mí, desde mi juventud, una auténtica inspiración. Ha sido un constante consuelo en las penalidades de la vida, de la mía y de la ajena, y un manantial inagotable de tolerancia. El comprender esto mitiga, por suerte, ese sentido de la responsabilidad que fácilmente puede llegar a ser paralizante y nos impide tomarnos a nosotros y tomar a los demás excesivamente en serio; conduce a un enfoque de la vida que, en concreto, da al humor el puesto que se merece.

Siempre me ha parecido absurdo, desde un punto de vista objetivo, buscar el significado o el objeto de nuestra propia existencia o del de todas las criaturas. Y, sin embargo, todos tenemos ciertos ideales que determinan la dirección de nuestros esfuerzos y nuestros juicios. En tal sentido, nunca he perseguido la comodidad y la felicidad como fines en sí mismos. Llamo a este planteamiento ético "el ideal de la pocilga". Los ideales que han iluminado mi camino y me han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida alegremente, han sido la belleza, la bondad y la verdad. Sin un sentimiento de comunidad con hombres de mentalidad similar, sin ocuparme del mundo objetivo, sin el eterno inalcanzable en las tareas del arte y de la ciencia, la vida me habría parecido vacía. Los objetivos triviales de los esfuerzos humanos (posesiones, éxito público, lujo) me han parecido despreciables.

Mi profundo sentido de la justicia y la responsabilidad social han contrastado siempre, curiosamente, con mi notoria falta de necesidad de un contacto directo con otros seres humanos y otras comunidades humanas. Soy en verdad un "viajero solitario" y jamás he pertenecido a mi país, a mi casa, a mis amigos, ni siquiera a mi familia inmediata, con todo mi corazón. Frente a todos estos lazos, jamás he perdido el sentido de la distancia y una cierta necesidad de estar sólo; sentimientos que crecen con los años. Uno toma clara conciencia, aunque sin lamentarlo, de los límites del entendimiento y la armonía de las otras personas. No hay duda de que con esto uno pierde parte de su inocencia y de su tranquilidad; por otra parte, gana una independencia respecto a las opiniones, los hábitos y los juicios de sus semejantes y evita la tentación de apoyar su equilibrio interno en tan inseguros cimientos.

Mi ideal político es la democracia. Que se respete a cada hombre como individuo y que no se convierta a ninguno de ellos en ídolo. Es una ironía del destino que yo mismo haya sido objeto de excesiva admiración y reverencia por parte de mis semejantes, sin culpa ni méritos mios. La causa de esto quizá sea el deseo, inalcanzable para muchos, de comprender las pocas ideas a las que he llegado con mis débiles fuerzas gracias a una lucha incesante. Tengo plena conciencia de que para que una sociedad pueda lograr sus objetivos es necesario que haya alguien que piense y dirija y asuma, en términos generales, la responsabilidad. Pero el dirigente no debe imponerse mediante la fuerza, sino que los hombres deben poder elegir a su dirigente. Opino que un sistema autocrático de coerción degenera muy pronto. La fuerza siempre atrae a hombres de escasa moralidad, y considero regla invariable el que a los tiranos de talento sucedan siempre pícaros y truhanes. Lo que es realmente valioso en el espectáculo de la vida humana no es, en mi opinión, el estado político, sino el individuo sensible y creador, la personalidad; sólo eso crea lo noble y lo sublime, mientras que el rebaño en cuanto a tal, se mantiene torpe en el pensamiento y torpe en el sentimiento.

Este tema me lleva al peor producto de la vida de rebaño, al sistema militar, el cual detesto. Que un hombre pueda disfrutar desfilando a los compases de una banda militar es suficiente para que me resulte despreciable. Le habrán dado su gran cerebro solo por error, le habría bastado con médula espinal desprotegida. Esta plaga de la civilización debería abolirse lo más rápidamente posible. Ese culto al héroe, esa violencia insensata y todo ese repugnante absurdo que se conoce con el nombre de patriotismo. ¡Con qué pasión los odio! ¡Qué vil y despreciable me parece la guerra!. Preferiría que me descuartizasen antes de tomar parte en actividad tan abominable. Tengo tan alta opinión del género humano que creo que este espantajo habría desaparecido hace mucho tiempo si los intereses políticos y comerciales, que actúan a través de los centros de enseñanza y de la prensa, no corrompiesen sistemáticamente el sentido común de las gentes.

La experiencia más hermosa que tenemos a nuestro alcance es el misterio. Es la emoción fundamental que está en la cuna del verdadero arte y de la verdadera ciencia. El que no la conozca y no pueda ya admirarse, ni maravillarse, está como muerto y tiene los ojos nublados. Fue la experiencia del misterio (aunque mezclada con el miedo) la que engendró la religión. La certeza de que existe algo que no podemos alcanzar, nuestra percepción de la razón más profunda y la belleza más deslumbradora, a las que nuestras mentes solo pueden acceder en sus formas más toscas..., son esta certeza y esta emoción las que constituyen la auténtica religiosidad. En este sentido, y solo en este, es en el que soy un hombre profundamente religioso. No puedo imaginar a un dios que recompense y castigue a sus criaturas, o que tenga una voluntad parecida a la que experimentamos dentro de nosotros mismos. Ni puedo ni querría imaginar que el individuo sobreviva a su muerte física; dejemos que las almas débiles, por miedo o por absurdo egoísmo, se complazcan en estas ideas. Yo me doy por satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con la conciencia de un vislumbre de la estructura maravillosa del mundo real, junto con el esfuerzo decidido por abarcar una parte, aunque sea muy pequeña, de la Razón que se manifiesta en la misma naturaleza.

Albert Einstein, publicado por primera vez en Forum & Century, vol. 84, págs. 193 - 194, el número 13 de la serie Forum, "Filosofías actuales". Incluido también en Living Philosophies (Nueva York: Simon & Shuster, págs. 3 - 7).




lunes, 12 de julio de 2010

Nostalgia De La Calor

La historia que os cuento ocurrió hace mucho tiempo, mucho tiempo antes de que todos tuviésemos la obligación de divertirnos en vacaciones, cuando todavía no nos sentíamos desgraciados por haber pasado el verano en la misma casa, en la misma calle, con los mismos amigos; cuando las vacaciones no estaban cargadas de nuevas obligaciones. Esta historia pasó cuando, a la vuelta del estío, no teníamos que exhibir ante los demás un catálogo de fotos insulsas, de ciudades desconocidas y de sufridos itinerarios, cuando no marcábamos en una pistola imaginaria una muesca más, por una nueva ciudad anonimamente conquistada. Entonces estabamos enamorados del verano, de su minuciosa lentidud, de gozar ese tiempo extendido en el que la historia se paraba y el reloj dónde con detenimiento pasaban las horas, se tornaba desigual, con remansos oscurantísimos, como en un cuadro de mi admirado Dalí.
Aprendimos entonces, a amar el verano con las siestas impuestas y forzosas, el religioso silencio y la imagen infantil, junto a colchones hinchables y camastros, del cuarto a oscuras, tan sólo atravesado por las rayas horizontales que dejaban los resquicios de las persianas, proyectando lo que ocurría en la calle, los lentos pasos de algún cansino caminante o de algún coche. Entonces amabamos, en el verano, la carne jugosa de frutas deliciosas, comenzando por la humilde sandía, en la que nos sumergíamos de oreja a oreja, impregnandonos de su rojo coral y frescor. ¿Lo recordaís?.

En aquellos tiempos, estabamos seducidos por el verano, la mayor libertad horaria, el empezar realmente la jornada cuando el sol se ocultaba y la ocupación de las calles hasta la madrugada, desde la terraza de los bares, hasta la hamaca en la puerta de nuestra casa, en nuestros pueblos. Te gustaba la aventura de acompañar a ese padre o a esa madre más calurosa, a dormir en la azotea, junto al balcón en el suelo, o en los lugares más insólitos de la casa donde el aire corría a veces y te regalaba una furtiva caricia.

Te parecía un tiempo de libertad en el que se instalaba en las consciencias de todos una relajación de costumbres, de horarios, de alimentos no aptos para el frío y austero invierno. En ese tiempo, se trastocaban las horas de entrada y salida, se relajaban las prohibiciones, salvo la de no molestar en la sagrada hora de la siesta, entonces todo estaba permitido. Te enamoró y nos enamoramos definitivamente, del olor del azahar tardío, del jazmín, del galán de noche, de la hierbabuena; unas fragancias que si las almas tienen sentidos, llevamos dentro desde la más tierna infancia.

Fue pasando el tiempo, y el verano te enredó con nuevos placeres: como ese breve espacio, a primeras horas de la mañana, en el que el aire era todavía suave y te sentías como ligero. Un tiempo para disfrutarlo en la soledad, con un cigarrillo y un libro en la mano, o con el diálogo imaginario con algún ser amado. Esas mañanas, que engañaban, que no anunciaban la batalla inmediata que comenzaba y que alcanzaba su cenit a mediodía, cuando los viandantes, pegados a las tacañas sombras que ofrecían las paredes, parecían espíritus que se daban a la fuga.

Muchísimo antes de que los aires acondicionados nos acentuarán esta intolerancia que sentimos al calor, cuando viajábamos a pleno sol con las ventanillas bajadas hasta el tope, los brazos afuera jugando con el ardiente aire, en aquellos tiempos todavía amabamos el verano, entonces disfrutabamos del placer de conducir de noche, ir al cine de verano, mirar el cielo buscando ver caer alguna estrella.

Con nostalgia, confieso que aún amo el verano, no el calor sofocante, sino la sombra, la naturalmente refrigerada oscuridad, el frescor que respiraban las casas ancianas a última hora de la tarde, el riego de los patios y las puertas de las calles, a base de cubos o con una manguera, que tras una primera vahada de calor, producía después una temperatura idílica, la que no podemos programar ni con el aparato de aire acondicionado más sofisticado. Pero los que más nos sigue fascinando a todos en esa sensación de infinitud, de tiempo sin tiempo, de eternidad, que nos ofrecía esta estación como ninguna otra.

Con todo esto no quiero decir que no me queje o no nos quejemos, sobre todo cuando llega la calor, más fiera y persistente que su congénere masculino. Todos apuraremos el día con la esperanza de que esta amaine, regatearemos con la hora de irnos a la cama y nos asomaremos al balcón, a la terraza, al patio, con la cabeza levantada, la vista al cielo, y la boca entreabierta como en una plegaria, una plegaria por una brizna de fresca brisa. Será entonces el momento de elegir entre dormir en sábanas calientes, con alguna caricia esporádica de un perdido soplo, o encender el aparato de aire acondicionado y dormir en ese país extraño sin sueños, a trompicones y con la sensación al día siguiente de no haber descansado. ¿No os pasa lo mismo?.

lunes, 5 de julio de 2010

El Camino Del Guerrero

Bushido, literalmente traducido como El Camino del Guerrero, era un modo de vida y un código para el Samurai, una clase de guerreros similar a los caballeros medievales occidentales, desarrollado en Japón durante las dinastías Heian y Tokugawa (s. IX - XII). Estaba fuertemente influenciado por el Zen y el Confucionismo, dos diferentes escuelas de pensamiento, predominantes durante estos periodos de tiempo. El Bushido pone énfasis en: "lealtad, autosacrifício, sentido de la verguenza, modales exquisitos, pureza, modestia, frugalidad, espiritú marcial, afecto y honor".


Estos son los siete principios que rigen el código del Bushido, "la perfección es una montaña con una cima inalcanzable, que hay que escalar todos los días":


1. GI. Honradez y Justicia.


Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.


Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en cuanto a la honradez y la justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.


2. YUU. Bravura y Valentía.


Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse en el caparazón como una tortuga no es vivir.


Un samurai debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Ser samurai es vivir la vida de una forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego, es inteligente y extremadamente fuerte.


Reemplaza el miedo por la precaución y el respeto. El camino del valiente no sigue los pasos de la estupidez.


El samurai nace para morir. La muerte, pues, no es una maldición a evitar, sino el fin natural de toda vida.


3. JIN. Compasión.


Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos.


El samurai tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla. 
La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.


4. REI. Cortesía.


El samurai no tiene motivos para ser cruel. No necesita demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de cortesía no somos mejores que los animales.


Un samurai recibe respeto no sólo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. Un alma sin respeto, es una morada en ruinas, debe ser derruida para levantarla de nuevo. 


5. MAKOTO. Sinceridad Absoluta.


Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.


No ha de "dar su palabra", no ha de "prometer". El simple hecho de hablar a puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y hacer son la misma acción.


6. CHUUGI. Deber y Lealtad.


Para el samurai, haber hecho o dicho "algo", significa que ese "algo" le pertenece. Es responsable de ello, y de todas las consecuencias que ello desencadene.


Un samurai es intensamente leal a aquellos que se encuentran bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.


Las palabras y los actos de un hombre, son como huellas sobre la nieve; puedes seguirlas donde quiera que él vaya. Cuidado con el camino que sigues.


7. MEIYO. Honor.


El auténtico samurai, sólo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. 


Las decisiones que tomas y como las llevas a cabo, son un reflejo de quien eres en realidad. No puedes ocultarte de ti mismo.


La muerte no es eterna, el deshonor, si.




Mirumoto Jinto, Rikugunshokan del Clan del Dragón.


domingo, 27 de junio de 2010

Dignidad y Coherencia

Por mucho que le duela a mi buen amigo Jose Luís, por su más que justificada apreciación acerca de las actitudes hipócritas e interesadas de muchos sindicalistas locales, de los de golpes en el pecho, me veo en la convicción moral de dedicar unos renglones a un ex-dirigente de Comisiones Obreras y actual diputado por el PSOE por un actitud más que encomiable.
A nadie que conozca mínimamente nuestra reciente historia social le habrá extrañado la abstención crítica del actual diputado del PSOE Antonio Gutiérrez Vergara en la votación del decreto de reforma del mercado laboral impulsado por el gobierno de España. Un posicionamiento no por poco previsible menos esperado por algunos, los que le conocen mejor y han tenido la suerte de conocer su integridad.

Durante los años en que lideró la Confederación Sindical de Comisiones Obreras, Antonio Gutiérrez tuvo ocasión de tomar partido de forma pública y clara a favor de la dignidad del trabajo y de los derechos de los trabajadores. Y a fé que lo hizo reiteradamente y sin tapujos. Seguramente quienes le ofrecieron un puesto en la filas socialistas consideraron esta trayectoria como un aval electoral de nivel.

Lamentablemente, el aparato partidista que en su día quiso aprovechar el valor añadido de una historia personal de coherencia como refuerzo de su opción política a los ojos del electorado, ahora se propone sancionar con una multa el mantenimiento de dicha coherencia. No se puede dudar que ello sea legal, según los estatutos del Grupo Parlamentario Socialista, pero no parece muy legítimo. ¿O es que los valores personales solo son un reclamo electoralista que hay que dejar de lado una vez se llega al "mundillo" de la política?.

Pues bien, el ejercicio de la política parlamentaria no está precisamente sobrado, por lo que todos podemos apreciar dia a dia, de dignidad. Antonio Gutiérrez la ha reivindicado con un sencillo acto de responsabilidad, hacia el mismo en primer lugar y ante los ciudadnos a los que representa, mal que les pese a sus compañeros de partido, casi en silencio, sin declaraciones grandilocuentes, como debe de hacerse. La respuesta del portavoz socialista, José Antonio Alonso, llamando a la disciplina contra las convicciones va (in)justamente en la dirección contraria, o al menos, ese es el parecer de este humilde ser humano que os escribe.

viernes, 25 de junio de 2010

En El Día De La Muerte De José

Quizá el principal atributo de la novela, de la gran novela, radica en que da indicios y revela claves sobre quiénes somos nosotros, los seres humanos, qué significado tiene lo que hacemos, para qué hemos venido a esta tierra. No es fácil saberlo, y con frecuencia lo olvidamos meses, ojalá no a lo largo de la vida entera, al distraerse con extrañas representaciones de nosotros mismos que de humanidad no tienen sino la apariencia. Entonces, en medio del desconcierto, puede caernos en las manos una novela que nos vuelve a colocar tras la huella, como al sabueso al que le dan a oler una prenda de aquel al que debe rastrear.

A esto huele el ser humano, nos indica la escritura de Saramago, por aquí anda, síguelo, por este atajo tomó, este es el olor que despide, este es el color de su aura, esta es la ferocidad de su contienda y el tamaño de su dolor, no te pierdas en alharacas y en farándulas, no te vayas detrás de impostores; en este personaje que aquí te entrego está el ADN de lo humano, su huella digital, el rastro de su sangre, o, como dice Ricardo Reis en el año de su muerte, estas son "las señales de nuestra humanidad".


Y entonces sucede que el reencuentro a través de su escritura con ese hombre o esa mujer rescatados, valga decir el hecho de poder reconocernos, página a página, con eso que somos, nos produce una conmoción entrañable y sobrecogedora, nos enfrenta a una epifanía que hace saltar las lágrimas, y la verdad es que cada vez que he leído El Evangelio Según Jesucristo he llorado a lágrima viva, o quizá como una Magdalena, y otro tanto me ha pasado con su Ricardo Reis, con su Caverna, tanto que mientras esto digo me pregunto por qué las novelas de Saramago llegan tan hondo y estremecen de tal manera, de dónde tanta intensidad, tan dolorosa belleza, y la mejor respuesta que encuentro sigue siendo la misma: porque la verdad de su prosa y la resonancia de su poesía propician el regreso a casa, a la casa del hombre, de la mujer, a ese lugar donde por fin somos quienes somos, donde logramos acercarnos los unos a los otros y descubrimos el rincón que nos corresponde en la historia colectiva, porque el regreso es también, como en Las Pequeñas Memorias, a "ese hogar supremo, el más íntimo y profundo, la pobrísima morada de los abuelos maternos", o como en Historia Del Cerco De Lisboa, regreso a esa casa de la Rua do Milagre de Santo António, donde el amor se ha hecho posible y la cama nos espera con sábanas limpias, o como el chelista de Las Intermitencias De La Muerte, que regresa de noche, cansado, a una casa donde lo espera su perro negro... Porque qué deliciosamente humano es Saramago cuando habla de los perros, el perro Encontrado, el perro Constante, el perro solitario de la Escandinhas de San Crispin, el perro lobo que por poco mata del susto a Zezito, los perro que en Cerbère ladran como locos. Y por supuesto es otro, compasivo y compañero, que tanto me hace llorar: el perro de las lágrimas.


Y si de llorar se trata, habrá que confesar que Saramago nos hizo llorar, disimuladamente, claro, a mí y a quienes con él estabamos aquella noche en Santillana del Mar, noche que fue de despedidas, hoy lo sabemos bien y lo intuimos entonces porque los presagios lo anunciaban ya, que nos hizo llorar, venía diciendo, cuando le dio por repetir, en un susurro lusitano apenas inteligible, porque en los últimos tiempos le había dado por hablar así, las palabras que le oyó a su abuela, muy anciana ya: "El mundo es tan bonito, y yo tengo tanta pena de morir".


Laura Restrepo, EL PAÍS, 19 de junio de 2010.

martes, 22 de junio de 2010

North By Northwest

Con La Muerte En Los Talones (1959), se sitúa entre Vértigo (1958) y Psicosis (1960), es decir, forma parte de la etapa más popular y apreciada de Alfred Hitchcock; son objeto de continuos análisis, estudios, ensayos, reestrenos...

En 1958, el director se había comprometido con Metro Goldwyn Meyer a rodar una adaptación de la novela The Wreck Of Mary Deare (El Misterio Del Barco Perdido). Para ello solicitó la colaboración del prestigioso guionista Ernest Lehman, que había trabajado, entre otros, con Robert Wise, el gran Billy Wilder y John Frankenheimer. Pero el guionista, en lugar de interarse por dicha novela, convenció a Hitchcock de que los dos escribieran mano a mano una historia original y de mayor interés. Sin pensárselo dos veces, Hitchcock justificó ante los ejecutivos de MGM que el guión llevaría más tiempo del previsto y que mientras tanto podría preparar una película más sencilla. MGM aceptó la propuesta, y ambos guionistas comenzaron a divertirse con una historia que fueron inventando sobre la marcha. La MGM, por su parte, encargó el proyecto de El Misterio Del Barco Perdido al director Michael Anderson, que la rodó aquel mismo año, con un atractivo reparto encabezado por Gary Cooper y Charlton Heston, aunque el resultado no fuera del menor interés.

El mago del suspense, arrastraba desde hacía tiempo algunas ideas que le apetecía filmar. Una de ellas era una persecución el el monte Rushmore por entre los rostros de los presidentes de Estados Unidos esculpidos en piedra. OCursivatra, la de que el servicio de espionaje del Gobierno hubiera inventado un agente falso para despistar a sus enemigos y permitir que el auténtico agente trabajara con menos riesgo. Una tercera idea era la de un asesinato cometido en la sede de la ONU. Otra, la de una avioneta fumigadora persiguiendo en el desierto y a pleno día al protagonista de la historia... Es decir, mimbres suficientes para iniciar una historia que iba a titularse Breathless (Sin Aliento); finalmente se optó por North By Northwest, una expresión anglosajona, poco menos que intraductible. De hecho, en Italia y Sudamérica acabó llamándose Intriga Internacional, mientras que en Francia y España se utilizó La Mort Aux Trousses (Con La Muerte En Los Talones), que describe mejor las trepidantes vicisitudes del protagonista.

La historia comienza en el bar del hotel Plaza de Nueva York cuando el publicista Roger Tohrnhill (Cary Grant) es confundido por unos agentes enemigos con el espía George Kaplan, personaje inexistente creado por la Agencia de Inteligencia para despistar a la organización enemiga. Thornhill es raptado y conducido a una casa donde conoce al jefe de la organización (James Mason) y a sus secuaces. Ninguno le cree cuando asegura que él no es el tal Kaplan. Consigue escapar borracho conduciendo peligrosamente un coche, una escena de gran sentido del humor a pesar de la gran tensión. Empeñado en demostrar que lo que dice es cierto, Thornhill se dirige a la sede de la ONU, donde espera encontrar al dueño de la casa en la que estuvo retenido, que resulta ser un hombre distinto al que conoció. Por si la sorpresa no fuera suficiente, a su interlocutor le clavan un cuchillo en la espalda; cuando Thornhill pretende auxiliarle, se encuentra de pronto sujetando el cuchillo en la mano y es acusado del asesinato, por lo que ahora será también perseguido por la policía. Necesitado de encontrar al verdadero Kaplan para demostrar su inociencia ante las autoridades y conseguir que los agentes de Vandamm (James Mason) le dejen en paz, Thornhill correrá toda suerte de peripecias. En un viaje en tren entra en contacto con una mujer fascinante, Eve Kendall (Eva Marie Saint), que le ofrece ayuda. Ambos se sienten sexualmente atraídos, por lo que la película absurdamente fue cortada en España, había surgido algo demasiado sexual..., pero el hombre descubrirá pronto que ella es una espía enemiga y amante de Vandamm, aunque más tarde se sabrá que, en realidad, es una agente doble que trabaja para el Gobierno infiltrada en la banda.

Mientras el guión iba tomando forma, Hitchcock fue abandonando la primera idea de que James Stewart, con quién había trabajado ya en cuatro ocasiones, por ejemplo, en la Ventana Indiscreta (1954), fuera el protagonista. Las características del personaje encajaban mejor con el estilo de Cary Grant, otro de sus actores favoritos, y con el que había rodado ya tres películas. Cary Grant representaba mejor el ejemplo de lo que a Hitchcock le hubiera gustado ser: un hombre apuesto, elegante y de éxito con las mujeres. Ante las insistentes llamadas de Stewart, que luchaba por el papel, Hitchcock inventaba excusas para no mostrarle el guión, hasta que el actor se dió por vencido y aceptó intervenir en Me Enamoré De Una Bruja (Richard Quine, 1958), de nuevo junto a Kim Novak.

Por su parte, MGM pretendía que el personaje de Eve Kendall fuera interpretado por Cyd Charisse, lo que Hitchcock rechazó. No respondía esta actriz a las características de "sus rubias", como Grace Kelly, retirada del cine por su boda con el Príncipe Balduíno de Mónaco, o Kim Novak, con quién no había tenido una relación fácil durante el rodaje de Vértigo. Así pues, Hitchcock se vio obligado a inventarse otra "rubia de hielo"; en este caso Eva Marie Saint, que había ganado un Oscar con La Ley Del Silencio (Elia Kazan, 1954). Pero su aspecto de chica modosita no encajaba con el personaje. Dado el fracaso del departamento de vestuario para transformar a la actriz, Hitchcock se encargó personalmente de escoger sus vestidos de tienda en tienda.

No hubo discusión a la hora de elegir al inquietante y versátil James Mason para el personaje de malvado ni para los restantes personajes secundarios. Hitchcock ya había trabajado con Leo G. Carroll, el jefe del cotraespionaje, en Rebeca, Sospecha, Recuerda, El Proceso Paradine y Extraños En Un Tren. También había trabajado con la actriz Jessie Royce Landis, madre de Grace Kelly en Atrapa A Un Ladrón y madre de Grant en esta película, a pesar de que la verdadera diferencia de edad entre ambos apenas llegaba a un año. Para el esbirro de James Mason se eligió a Martin Landau en una de sus primeras interpretaciones cinematográficas. Proveniente del teatro, compuso a su personaje de sádico matón con insinuados toques de homosexualidad que sorprendieron a la audiencia. (Años más tarde, Landau sería un rostro popular de la televisión en series como Misión Imposible y Espacio 1999. Preseleccionado para el Oscar, lo consiguió en 1995 al recrear al mítico actor Bela Lugosi en Ed Word, 1994, de Tim Burton).

El rodaje, sin embargo, fue más complicado de lo previsto. Hitchcock se vio obligado a comenzar su película cometiendo un delito, a pesar de su paranoico miedo a la policía. Como estaba prohibido a rodar en el edificio de la ONU, situaron en su exterior una camioneta con una cámara oculta desde la que se rodó la entrada de Cary Grant al edificio ante la presencia de los vigilantes de seguridad. Posteriormente, el director y un fotógrafo pasearon por el interior como simples visitantes, aunque fotografiando todos sus ángulos a fin de reproducirlos luego lo más fielmente posible. La autenticidad de las localizaciones era algo que preocupaba mucho al director. La guarida de James Mason era en realidad una casa de Frank Lloyd Wright, reproducida en maqueta para los planos lejanos y parcialmente reconstruida a escala rela para los momentos en que Grant merodea a su alrededor.

La secuencia en el monte Rushmore sufrió igualmente otro contratiempo. La idea de que se cometiera alli un asesinato y que dos personas huyeran por entre las esfinges de Lincoln, Washington, Roosevelt y Jefferson en un monumento que simboliza la democracia no gusto al Departamento de Interior, que prohibió no sólo el rodaje in situ, sino hasta que se filmara una reproducción. La polémica trascendió a la prensa y alguien sugirió que "el señor Hitchcock podía volver a su casa de Inglaterra y dibujar a la gente trepando por el rostro de la reina". Ni que decir tiene que la idea de que Cary Grant se escondiera en las fosas nasales de Lincoln y que un estornudo le delatara quedó descartada, así como el posible título The Man In The Lincoln Nose. El director se desquitó incorporando su propia esfinge a la de los cuatro presidentes en un cartel publicitario de la película, y retirando de los agradecimientos a las instituciones correspondientes.
Para compensar tales inconvenientes, y con su flema británica, Hitchcock decidió no dirigir a Cary Grant en la secuencia en que éste entra en el hotel Plaza. Como el actor tenía un apartamento fijo en el mismo hotel y había hecho ese recorrido cientos de veces, Hitchcock pensó con humor que ya "sabía perfectamente qué hacer en ese trayecto", y dejo a Grant a su aire. Tiempo después, el director recordaría con satisfacción que cuando llevaban ya varias semanas de rodaje el actor le había dicho que seguía sin entender una palabra de lo que estaba pasando, utilizando la misma expresión que el personaje dice en la película: "I don't know what you're talking about".

La obsesión de Alfred Hitchcock por controlar todos los detalles de cada película le llevó a trabajar con asinuidad con aquellos colaboradores con los que se entendía y en quienes podía confiar. Repitió hasta 12 veces con el operador Robert Burks, varias con el director artístico Robert Boyle, con el autor de los títulos de crédito Saul Bass y con el montador George Tomassini. En Con La Muerte En Los Talones volvió a recurrir a Bernard Herrmann, para la banda sonora, autor de algunas de las partituras más populares del cine. Compositor de extraordinario talento, sabía utilizar la música como un elemento dramático sobresaliente; en las primeras imágenes de esta película en que se muestra la vida cotidiana en las calles de Nueva York, Herrmann contrapuso un insólito toque amenazador anunciando que algo extraño iba a suceder. La complicidad entre ambos quedó interrumpida en Cortina Rasgada (1966), donde el músico fue sustituido por John Addison. Herrmann continuó su brillante carrera, iniciada prácticamente con La Guerra De Los Mundos, de Orson Welles, hasta Taxi Driver (1975), que Martin Scorsese le dedicó.

La película superó en más de un millón de dólares el presupuesto inicial, pero aún así resulto un negocio rentable no sólo para la productora, sino también para Hitchcock y Grant, que además de sus sueldos se habían reservado un porcentaje de las recaudaciones. Por si no fuera suficiente, Grant había acordado cobrar 5000 dólares por día extra de rodaje. El retraso y el éxito aumentaron considerablemente la fortuna de ambos.

El estreno se celebró el 1 de julio de 1959 en Chicago en lugar de en Nueva York, ya que Historia De Una Monja (Fred Zinnemann, 1959) permanecía en cartel más tiempo del previsto y MGM no quería competir con sus mismas producciones. Las críticas fueron muy elogiosas, lo que satisfizo en sobremanera al director, aunque apenas lograra ningún premio. Presentada en el Festival de Cine de San Sebastian, se le escapó la Concha de Oro precisamente a favor, de la anteriormente mencionada película, aunque recibió la Concha de Plata al mejor director. En los Oscar no logró culminar ninguna de sus tres candidaturas (guión, montaje y dirección artística). La película del año fue Ben-Hur, de William Wyler.

En esta película Alfred utiliza elementos que había ensayado en películas anteriores. El tema del hombre corriente que acaba implicado en una compleja trama está presente en otras películas suyas. Refleja uno de los miedos del ser humano: ser acusado de algo que no ha cometido y no poder demostrar su inocencia.

El tema del asesino equivocado ya había sido utilizado en Falso Culpable (1956), mientras que la idea de utilizar monumentos para una persecución recuerda la secuencia de la Estatua de la Libertad en Sabotaje (1942), la persecución en coche por una peligrosa carretera evoca a Atrapa A Un Ladrón; las acrobacias en el vacío rememoran escenas de Vértigo; la mansión misteriosa en la que alguién está secuestrado nos trae a la memoria El Hombre Que Sabía Demasiado, y hasta de su etapa inglesa rescata las escenas en el tren de Alarma En El Expreso.

Sorprenden en Con La Muerte En Los Talones las pocas explicaciones que se dan sobre el objetivo de la organización enemiga; es lo que Alfred Hitchcock llamo misteriosamente McGuffin, definición sobre la que dialogó con François Truffaut en el libro El Cine Según Hitchcock: "El McGuffin es un rodeo, un truco, una complicidad, lo que se llama un gimmick. En realidad, el McGuffin no es nada. Mi mejor McGuffin, y por ello quiero decir el más vacío, el más inexistente, el más irrisorio, es el de Con La Muerte En Los Talones". Cuando Cary Grant pregunta al Servicio Central de Inteligencia qué pretende el hombre que le va persiguiendo, el agente responde:

- Digamos que se dedica a importaciones y exportaciones.
- ¿Pero qué vende?
- Oh..., precisamente secretos del Gobierno.

"En este caso", dijo Hitchcook, "redujimos el McGuffin a su expresión pura: nada".

Como era habitual en el cine de Hitchcock, la película está repleta de detalles de humor; la caspa de Kaplan, la madre de Thornhill dispuesta a ser sobornada por 50 dólares, los brillantes dialogos entre Thornhill y Eve Kendall..., y alguna otra broma, quizás más privada, que puede escapársele al espectador; por ejemplo cuando, en la escena de la subasta, James Mason replica a Cary Grant: "¿Nadie le ha dicho que sobractúa en sus distintos papeles...? Debería recibir menos entrenamiento del FBI y más lecciones del Actor's Studio", en presencia de Eva Marie Saint, entonces alumna aventajada de la famosa escuela de actores.

La publicidad lanzó la película como "un super Hitchcock". No debe sorprender ver el nombre del director en la campaña. Hitchcock fue un director estrella y el público esperaba ansioso toda nueva producción suya. Su figura oronda era reconocida y buscada por los espectadores, dada la afición del director a aparecer fugazmente en sus películas. Para no distraer al público, fue adelantando cada vez más su aparición en la pantalla. En Con La Muerte En Los Talones lo hace en la primera secuencia, a punto de tomar un autobús que le deja en tierra dándole con la puerta en las narices. Este exhibicionismo fue llevado al máximo en sus apariciones en la serie de televisión Alfred Hitchcock presenta...

Ante ustedes, una de las mejores secuencias de la historia del cine, jamás una carretera desierta a mediodía, en mitad de ninguna parte han dado tanto miedo, algo que se intuye desde el primer plano general...



viernes, 18 de junio de 2010

Irish Pride

Durante mucho tiempo, siempre que oía el sampleado de las bases de este hit, con esos breaks chillones, y utilizado hasta la saciedad en múltiples campañas publicitarias, pensé que formaba parte de algún de los albumes de mis admirados Cypress, pero no fue hasta el momento de preguntar a un verdadero experto, a un rapero de cepa, cuando descubrí que el tema era de unos neoyorkinos llamados House Of Pain, y ahí quedo la cosa, sin más. Bien, a raíz de comprar el nuevo ordenador e instalar el programa de intercambio de software de Apple, para el Iphone, me puse a descargar música, como si al día siguiente lo fuesen a prohibir, y mira tú por donde, recordé la canción y el nombre del grupo y por la bendita manía de no descargar canciones sueltas, sino Lp's enteros, para apreciar en mayor medida al artista en cuestión y también para la pijada de tener los covers de los discos en el Iphone, para que negarlo, me puse a buscar información por Internet y me lleve una sorpresa mayúscula. El grupo era un grupo de blancos y aún más, de blancos irlandeses.
Lo cierto, es que yo ya había oído a raperos blancos e incluso los seguía, hay estan los Beastie Boys, o el fenómeno mediático Eminem, pero lo cierto es que siempre había imaginado a un negrata rapeando esta canción. El sampler de las bases, al final resultarón gaitas irlandesas, (quién lo hubiera imaginado), pero los cortes un tanto gangstas style a lo Cypress Hill, cuya influencia olía por algún lado, me fue aclarada; al parecer las colaboraciones con los angelinos eran frecuentes en los pocos discos de estos raperos. En cierto modo, Cypress también encabezaban un orgullo, no irlandés en este caso, sino latino, por esos quizás sirvieron de apoyo y ayudaron en la producción de los escasos discos de House Of Pain. No olvidemos que prácticamente Cypress Hill, son el primer grupo no afroamericano, que consigue cosechar grandes éxitos y respeto por parte de los demás raperos negros, conviertiendose hoy por hoy en auténticas leyendas.

Aquí os dejo el video en cuestión, muy en plan eso, orgullo irlandés (irish pride), con secuencias de la celebración de San Patricio (patrón de Irlanda) en la ciudad de Nueva York, hasta los topes de gaiteros y gente pribando, todo muy typical irish, que diríamos nosotros. Los muy macarras llevan chapas pro-IRA y todo. En fín, hip hop de los 90, que es el mejor que se ha hecho y se hará. Jump Around.