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Bajo la influencia de la Especia Melange, la Especia de las Especias...

jueves, 2 de junio de 2011

Esperanza

Aunque algunos nunca lo creyeran, lo extraño era que no hubiera ocurrido antes. Con un 43% de paro juvenil, una Unión Europea que parece renunciar a su papel histórico, caminando hacia la irrelevancia social y política, revoluciones en el mundo árabe, un capitalismo financiero voraz y sin límites y fenómenos ciudadanos globales como las redes sociales y wikileaks, era simplemente cuestión de tiempo. Stephane Hessel, luchador de la Resistencia francesa, diplomático, redactor de la Declaración de Derechos Humanos, socialista francés y autor del pequeño panfleto Indignaos representó a sus 94 años la conciencia de una Europa ilustrada y democrática que no se resigna a la decadencia y la injusticia.


Su llamamiento pulsó en un principio, el sentir de la población francesa y empezó a hacerlo con la juventud española. La que llaman la generación perdida no tiene voluntad política, nunca mejor dicho, de serlo. Afortunadamente. Desde hace cierto tiempo han proliferado diversas iniciativas ciudadanas, con un denominador común, el hartazgo ante una crisis que están pagando aquellos que no la han ocasionado. Unas con más definición ideológica y pragmática que otras, florecen con distinta intensidad se podría decir, signo de una ciudadanía que rechaza el nuevo feudalismo, en que el capitalismo financiero está situando a la sociedad. Les agrupa la indignación, una emoción que hunde su sentido en la dimensión moral.



Para indignarse, para alzarse en este nuevo mayo, primero hay que tener concepto de dignidad. Dignidad de persona y conciencia de ciudadano, no de súbdito. La situación social y económica es escandalosa, y no responde a causas coyunturales sino estructurales. Frente a eso intentan situarse las democracias europeas, la española en particular, más joven que otras, pero ya lejos del optimismo de la Transición; de un optimismo que a pesar de graves problemas como el terrorismo, el paro o el déficit social hacía pensar que era posible conquistar el futuro. Futuro que pasaba por bienestar económico y social, el que representaba Europa. Sin embargo, las democracias europeas aquejan cansancio. La extrema derecha crece en toda Europa, al tiempo que la lentitud institucional y la sumisión a los mercados aumenta. Se salva a los bancos pero no se salva a las personas y eso es algo inaceptable. Aplaudimos las revoluciones árabes, pero luego no somos capaces de corresponsabilizarnos de sus efectos sociales. Se nos piden cada vez más esfuerzos, más competitividad y más ajustes, pero incluso en los países que están saliendo adelante en la crisis, la gente vive peor que antes.


La gente tiene la sensación de que la democracia ha cedido mucho terreno al poder económico y que el deterioro de la cohesión social hace que cada vez menos personas se sientan representadas e integradas en el juego democrático actual. Unas elecciones municipales donde se presentan más de cien imputados hacen el resto. Nuestro sistema empieza a parecerse peligrosamente al de la Restauración, con una derecha poco europea y que parece no tener más alternativa que volver a engrasar la maquinaria de un sistema que es, sin ningún genero de dudas, el problema, no la solución; y unos socialistas atrapados en las contradicciones ideológicas de una Tercera Vía que es más neoliberal que socialista, no os quepa duda.


Necesitamos urgentemente medidas de regeneración democrática como las listas abiertas, el cambio de la ley electoral u otras que permitan que los ciudadanos controlen a los partidos políticos, en manos de unos aparatos muy burocratizados. Y sobre todo que permitan la emergencia de una pluralidad y una complejidad que es bastante más profunda de lo que muchos nos quieren hacer ver. Necesitamos buscar un nuevo equilibrio entre estabilidad y pluralidad en la representación institucional. En esa articulación del pluralismo democrático resultan claves unos medios de comunicación social cuya propiedad es deseable que esté diversificada y que desarrollen su trabajo en la mayor libertad posible.


Lo llamativo de este movimiento es que llama a la unidad desde la indignación, sin pedir el carnet político a nadie. Critica al sistema económico y a la incapacidad de la política para imponer la voluntad democrática a éste, pero no parte de unos principios ideológicos dogmáticos. Critican tanto al capitalismo como la connivencia del Estado con este último. De momento no hay líderes reconocibles mediáticamente, aunque sus promotores pertenecen a la izquierda social no alineada en los grandes partidos. Tampoco está claro cómo pasar de la indignación a las propuestas concretas, pero es evidente que si el movimiento sigue adelante, acabará influyendo mucho en la política española y también europea. También tendrá que superar intentos de instrumentalización, algunos de ellos violentos. Y pondrá nerviosos a los que detentan el poder, ya lo está haciendo, a unos más que a otros. Pero resulta evidente que estamos viviendo una situación de inquietud y agitación social a la que no estábamos acostumbrados desde la Transición. Una situación que algunos autores califican de pre-revolucionaria.


Ante la inquietud de multitud de desconcertados por los sucesos que se están dando en Madrid, Barcelona y otras muchas ciudades y pueblos de España. Y ya desde un punto de vista más personal y menos, digamos, analítico, cabe hacerse un par de preguntas, un par de preguntas que nos ayuden a sincretizar todo este movimiento, esta agitación social y son estas:

En primer lugar ¿Quién está detrás de todas estas concentraciones de jóvenes, y no tan jóvenes?. Y en segundo lugar, ¿Cuáles son sus ideas?.

Ante tanto desconcierto, y para conseguir una respuesta razonable, no estaría de más distanciarnos con perspectiva y recordar, históricamente hablando, aquel famoso mayo del 68 francés.

La revolución del 68 no fue organizada por ningún partido ni tampoco por ninguna otra organización. Sencillamente, fue la explosión social de una serie de anhelos colectivos. Esta respuesta, creo que también es válida en lo que se refiere al nuevo mayo español.

Y antes de pasar a responder a la segunda pregunta, me gustaría recordar algo muy importante: el mayo del 68 francés se consiguió desmantelar por parte del poder, cuando el presidente De Gaulle consiguió esparcir la putrefacta mentira de que aquel movimiento era comunista. Aviso para navegantes: porque ahora mismo, los medios de comunicación en manos de la plutocracia parasitaria están difundiendo la misma difamación respecto al mayo español


Pasemos a responder a la segunda pregunta: ¿qué ideas tienen los concentrados en el mayo español? Que nadie espere algo sistematizado. Precisamente, los intentos que se están haciendo por sistematizar el movimiento pueden terminar pervirtiéndolo. Volvamos a mayo del 68: las ideas de aquella revolución, se pueden concretar en dos principios muy generales: en primer lugar, el pacifismo concretado en un no a la guerra de Vietnam, y en segundo lugar dar primacía a la libertad individual por encima de cualquier moral impuesta (y siempre, claro está, que no se moleste a otro).

Estos principos generales, fueron precisamente los que dieron fuerza al mayo del 68 francés así como a sus réplicas del momento. Una mayor concreción o sistematización, habría dejado muchas personas fuera.

El mayo español, como ya lo fue el mayo francés, es una respuesta general a los problemas comunes de la sociedad: en el mayo francés la indignación ante una intolerante represión moral y un belicismo demente, y en el mayo español el sencillo hecho de que desde hace décadas los que tienen el poder (políticos y financieros) han dejado de ser, o parecer, delegados de la sociedad para pasar a dedicarse exclusivamente a sus propios intereses.

Es así de sencillo: los partidos políticos, los bancos y los medios de comunicación van por un lado (mirándo unicamente por ellos mismos), mientras que el pueblo va por otro camino (en el que el poder lo mangonea y abusa de él). Los ciudadanos ya están cansados y han dicho ¡basta! Eso es todo.
Finalmente, mi consejo a los reunidos en las plazas es que no intenten concretar demasiado sus ideas, si no quieren que el movimiento se pervierta. El poder se está impacientando por conocer "de qué van estos", para ingeniar alguna manera de entrar y venderles la moto. No hay que caer en la trampa.

Es verdad que mayo del 68 ya pasó y que algunos creen equivocadamente que nada fue conseguido con las movilizaciones. Lo conseguido no fue poco, aunque si lejano y olvidado: libertad y paz, escritas con mayúsculas. Y si el mayo español, este movimiento de los indignados sirviera para que los políticos y poderosos en general tengan más en cuenta a los ciudadanos, ya se habría conseguido mucho.

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